Escuché una vez una historia, no recuerdo cuando en este momento, ni quien lo contaba, por lo que no puedo deciros la fuente, pero que me hizo reflexionar y mucho, una historia que no quería dejar de contaros en este blog.
Una vez un maestro le preguntó a su alumno más aventajado si sabía que diferencia había entre los cangrejos ingleses y los cangrejos españoles que se encontraban frente a él en dos botes de cristal que le mostraba al joven.
A lo que el alumno tras unos minutos meditando tan extraña pregunta y mirando a ambos botes, respondió finalmente:
-Tienen igual tamaño, igual color y forma, no encuentro la diferencia.
A lo que él maestro le indicó:
-Abre el primer bote y observa el comportamiento de los cangrejos ingleses.
Entonces el alumno observó, como los cangrejos empezaban a trepar uno a uno y subiendo uno con ayuda de los anteriores al final, alcanzaban la meta y lograban salir, y así uno tras otro.
-¿Has visto? - le dijo el maestro,
-Ahora abre el otro bote, este es el que contiene los cangrejos españoles, y observa que hacen.
El alumno observó y en principio todo parecía ser igual, unos empezaron a "trepar", unos encima de los otros y alguno conseguía llegar al borde del bote con éxito, con diferencia a los cangrejos ingleses, cuando esto sucedía, los demás se agarraban fuertemente a él, tirando hacia abajo, por lo que al final, volvía a caer dentro del bote, y de este modo no conseguían salir.
Con lo que os dejo una reflexión:
Hay mucha gente que está dispuesta a arrimar el hombro para ayudar a salir al compañero de un agujero con su ayuda y se alegra de que consiga el objetivo, su meta, pero también hay muchos otros, que se regocijan en el dolor ajeno, y otros que envidian los éxitos de los demás o intentan conseguirlo equivocadamente, sin miramientos ni escrúpulo alguno.
Es una pena ver como se está sufriendo en este país con los recortes ,los económicos y los sociales, lo uno lleva a lo otro, inevitablemente y conseguidos por derecho propio a la dignidad, con la lucha y el esfuerzo, de ellos y ellas, de nuestros padres, nuestros abuelos durante muchos años.
Quizás si tomáramos según que ejemplos, nos iría a todos mucho mejor, y estoy segura que también seríamos muchos más, felices y no sólo unos pocos.
Os invito a leer al post de hoy del periodista Juan Ramón Lucas en su blog
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